El trabajo no acaba con el último corte
En la mayoría de talleres, cuando la sierra para, el trabajo se da por terminado. Las piezas van al montaje y lo que sobra se apoya en un rincón. Semanas después nadie sabe si aquel trozo de 1.850 mm sigue ahí, de qué perfil era ni si merece la pena buscarlo, así que se abre una barra nueva. El material ya estaba comprado y aun así se vuelve a comprar.
Cerrar un trabajo es el paso que evita eso: repasar los sobrantes que el plan había previsto, medirlos de verdad, decidir cuáles vuelven al almacén con una ubicación y descartar los que no. Es un repaso de dos minutos por trabajo y es lo que convierte el retal en existencias en lugar de en chatarra por olvido.
Lo previsto y lo medido casi nunca coinciden
El plan calcula el sobrante de cada barra a partir de las medidas, el disco y el despunte. La barra real puede venir un poco más corta, el operario puede haber recortado un extremo dañado y una pieza puede haberse repetido por un fallo. Por eso el cierre no da el sobrante por bueno: lo propone y pide la medida real.
Esa diferencia es información, no un error. Si el sobrante medido queda sistemáticamente por debajo del previsto, es que el despunte configurado se queda corto o que las barras del proveedor no llegan a su longitud nominal. Se descubre comparando, y solo se puede comparar si alguien anota lo que midió.
- Longitud medida, no la calculada.
- Dónde queda guardado, para que se pueda encontrar.
- Material y perfil, que es lo que lo hace reutilizable.
- Y la decisión explícita: vuelve al almacén o no vuelve.
Un retal sin sitio no es un retal
Guardar un sobrante sin apuntar dónde está equivale a tirarlo con más pasos. La ubicación no tiene que ser un sistema de almacén: «estantería 3» o «junto a la cizalla» basta, siempre que sea lo que la gente dice de verdad al hablar de ese sitio.
También hace falta decidir cuándo un trozo deja de merecer la pena. Depende de lo que corta cada taller: en una nave que trabaja barandillas, medio metro es oro; en otra que hace estructura, estorba. Ese umbral es el retal mínimo del cálculo, y ponerlo bien es lo que hace que el plan proponga sobrantes que de verdad se van a usar.
Comparar contra lo que se habría hecho sin plan
Al cerrar se elige una línea base: cuántas barras habría costado el mismo trabajo sin optimizar. Se puede escribir a mano —lo que el jefe de taller sabe que habría gastado— o dejar la que estima el propio cálculo. La diferencia entre esa cifra y las barras realmente abiertas, multiplicada por el precio del catálogo, es el ahorro del trabajo.
Conviene decir qué es y qué no es ese número. No es una promesa ni una media del sector: es una comparación con la referencia que el propio taller ha escrito, sobre los precios que el propio taller ha metido. Su valor está en repetirla trabajo tras trabajo: doce cierres seguidos dicen mucho más que uno solo, y dicen si el plan está sirviendo o si hay que revisar el despunte, el disco o las longitudes que se compran.
Un cierre corriente
Barras abiertas 7 Línea base (manual) 9 Precio de catálogo 48,00 € / barra de 6 m Diferencia 2 barras · 96,00 € Retales propuestos 3 Devueltos al almacén 2 (1.850 mm y 940 mm) Descartado 1 (210 mm, por debajo del mínimo)
Qué hace Corte 1D en este paso
Cuando un trabajo se marca como completado, Corte 1D propone los sobrantes barra por barra con la longitud que había calculado. El cierre pide revisarlos todos —no deja cerrar a medias—, admite la medida real de cada uno y su ubicación, y guarda los aceptados como existencias que el siguiente cálculo puede usar.
En el mismo paso se elige la línea base y se guarda el cálculo del ahorro con los precios del catálogo. Queda una versión cerrada, con su parte, sus retales y su comparación, que es lo que se puede enseñar dentro de tres meses cuando alguien pregunte si esto sirvió para algo.